
La negra carretera que se perdía enfrente de mi, me parecía hermosa y eterna. Mientras conducía pensaba en la maravillosa tarde que se nos presentaba. Fijé mi vista en ti un momento, suficiente como para memorizar el contorno de tus labios y volver mis ojos al camino. A mi izquierda los tonos ocres de los desnudos cerros de mi tierra; a mi derecha el cristalino azul del mar. Tú llevas aquel vestido de tirantes que tanto me gusta, tu cabello a un costado recortando tu rostro contra el fondo marino. Te ves contenta y eso me hace feliz. Luego de un buen rato de viaje, encuentro la desviación casi imperceptible que nos llevará a esa playa desierta, divinamente privada de ojos ajenos. Debo estacionar entre unos montículos de arena porque el camino a seguir sólo se puede realizar a pie. Tomamos nuestras cosas y empezamos a bajar. En un principio no se alcanza a percibir la hermosura del lugar; sólo después de haber bajado suficiente trecho podemos apreciar la magnitud de balneario natural. Te miro y en tus ojos se reflejan el verde azulado de las olas y el límpido cielo adornado de caprichosas nubes. Una vez en la arena, tiendo el mantel a cuadros sobre el cálido suelo y nos sentamos un momento como para permitirnos captar la magnificencia del escenario. Te recuestas y yo cedo ante la tentación de reclinarme sobre ti para mojar mis labios en los tuyos. Luego nos dejamos caer de espaldas quedando tendidos al sol, sintiendo su calido beso sobre nuestra piel; mientras tus ojos se pierden entre las nubes, yo te miro extasiado buscando las razones que me hacen amarte. Sé que en parte es el delicado color canela de tu piel, también son tus ojos que me atrapan en cada pestañeo, otro tanto es culpa de tus labios, que me han envenenado de miel y pasión. Mientras pienso en esto, tu mano busca mi mano como un bello cangrejo buscando pareja. Me hundo en pensamientos tan profundamente que olvido un momento donde estoy y la arena bajo mi piel se transforma en tu piel, tus ojos provocan olas cuando los cierras y tu respiración es una dulce y calida brisa que acaricia mi rostro. De pronto, un ácido y dulzón sabor inunda mi boca, despierto y te encuentro exprimiendo una naranja sobre mis labios, me besas y compartimos su sabor. Tu silueta se recorta luminosa sobre el cielo azul ultramar francés. Los tirantes de tu vestido - caídos de tus hombros - son una irresistible tentación, no resisto y me dejo llevar por la curiosidad y el morbo. Lenta y nerviosamente deslizo mis dedos sobre tus hombros, los arrastro suavemente hasta tu cuello y bajándolos libero tus pechos que juveniles y bronceados son el manjar de mis manos ansiosas. Me pierdo en tus ojos buscando la respuesta a tanta hermosura. Quisiera no limitarme a tocarte, quisiera fundirme en tu cuerpo, quisiera que por un segundo, tan solo un segundo, pudiéramos ser sólo uno. Una mente, un cuerpo, un corazón; y así llegaras a comprender a que nivel llega mi amor. Te montas sobre mí y puedo sentir que el calor que quema mi cuerpo no proviene del sol sino de ti. Un delicado borde dorado recorta tu figura contra el fondo celeste, es casi imperceptible, como un aura, un hilillo de oro que te cubre, me siento extraño, como extasiado. El ritmo de mi respiración se confunde con el tuyo, ambos agitados, acompasados al ritmo del recuerdo de una canción romántica. Veo tu rostro radiante, liberando destellos azulinos. Todo a mí alrededor cambia gradualmente. La arena que se ha pegado a mi cuerpo empieza a caer mientras cambia de consistencia, se transforma rápidamente de sólido a líquido, produciendo con el cambio un estremecimiento frío sobre mi piel. Tu cabello empieza a balancearse suavemente, movido por la brisa. Apoyas tus manos sobre mi pecho y te inclinas suavemente para besar mi cuello, a mi vez también beso el tuyo impregnado de tu aroma y con un leve sabor a salado. Sensaciones encontradas confluyen en mi cuerpo. Me parece prácticamente imposible este momento, quizás estoy soñando y no me he dado cuenta, pienso ¿como es posible tanta felicidad? No sé donde estoy ni que hora es, tampoco me importa. Lo único importante es que estas tú. De repente, una sensación húmeda y fría rompe bruscamente la magia, la marea había subido y una ola nos había mojado. Y así, mojados y extasiados, nos recostamos de espalda y reímos, reímos y reímos……….