Misiva Imaginaria
HOY, mientras caminaba alejandome de tu casa, me distraia imaginando que me iba para siempre de esta ciudad y que antes de irme te escribia una carta. Si, en papel. Al viejo estilo. Usando el olvidado arte de escribir a mano. ¿Por qué una carta y no un email? Porque el papel se puede oler. Porque los trazos dejados por un lapiz pueden traicionarme dulcemente y decir más de lo que quiero confesar. Porque una carta podrias leerla recostada en tu mullida cama y eso talvez provocaria en ti un cierto anhelo de mi compañia. Porque podrias llevarla entre tu piel y tu ropa y sacarla en la playa durante un incendiario atardecer. Por eso y mil razones más que no me atrevo a imaginar.
¿Que escribiría en esa misiva? Te haria participe de mi secreto. De mi langido sufrimiento. De mi silenciosa tristeza. Por ella entenderias mis prolongados silencios, mis constantes evaciones. Entenderias porque rehuyo de tus ojos cuando buscas una respuesta. Sabrias el porque de mis repentinos y bruscos cambios de humor. Descubririas que cuando no me miras mis ojos recorren tu suave arquitectura. Como me las arreglo para rozar tu piel en los momentos menos esperados. Sabrias a ciencia cierta como mi corazón da vueltas en el carrusel de mi pecho cada vez que sin intención colocas sobre mi tus manos. Obtendrias de primera mano un detallado relato de lo que senti la primera vez que mis ojos se posaron en ti y como mi mente se resistia a la idea de rendirse ante tu imagén infantil. Y como de tanto negar mis sentimientos los intensifiqué, alimentandolos con besos de ensueño, roces tibios de tu piel. Asi te enterarias de como eres dueña de mi destino sin quererlo. De como te apoderaste, aun en contra de mi ferrea voluntad, de cada atomo de mi alma. Obtendrias una detallada bitacora de mis intentos por alejarme de tu magnetismo, de tu fuerza centrifuga que me empuja hacia tu centro y que entre más resistencia opongo más fuertemente me arrastra hacia tu nucleo. Descifrarias con asombro la tremenda voluntad que mantiene mis brazos apegados a mi cuerpo cuando lo unico que desean es apoderarse del tuyo. O aprenderias de las batallas que libro en contra del inmenso deseo de correr a tu lado cada vez que decido alejarme por un tiempo. De como ni en sueños me dejas tranquilo y apareces tan radiante, tan exquisita, tan deliciosa. Pero no olvides que seria una carta de despedida. Casi un testamento. Porque seria el epitafio de un sentimiento moribundo, el último deseo de un amor desahuciado.
¿Que escribiría en esa misiva? Te haria participe de mi secreto. De mi langido sufrimiento. De mi silenciosa tristeza. Por ella entenderias mis prolongados silencios, mis constantes evaciones. Entenderias porque rehuyo de tus ojos cuando buscas una respuesta. Sabrias el porque de mis repentinos y bruscos cambios de humor. Descubririas que cuando no me miras mis ojos recorren tu suave arquitectura. Como me las arreglo para rozar tu piel en los momentos menos esperados. Sabrias a ciencia cierta como mi corazón da vueltas en el carrusel de mi pecho cada vez que sin intención colocas sobre mi tus manos. Obtendrias de primera mano un detallado relato de lo que senti la primera vez que mis ojos se posaron en ti y como mi mente se resistia a la idea de rendirse ante tu imagén infantil. Y como de tanto negar mis sentimientos los intensifiqué, alimentandolos con besos de ensueño, roces tibios de tu piel. Asi te enterarias de como eres dueña de mi destino sin quererlo. De como te apoderaste, aun en contra de mi ferrea voluntad, de cada atomo de mi alma. Obtendrias una detallada bitacora de mis intentos por alejarme de tu magnetismo, de tu fuerza centrifuga que me empuja hacia tu centro y que entre más resistencia opongo más fuertemente me arrastra hacia tu nucleo. Descifrarias con asombro la tremenda voluntad que mantiene mis brazos apegados a mi cuerpo cuando lo unico que desean es apoderarse del tuyo. O aprenderias de las batallas que libro en contra del inmenso deseo de correr a tu lado cada vez que decido alejarme por un tiempo. De como ni en sueños me dejas tranquilo y apareces tan radiante, tan exquisita, tan deliciosa. Pero no olvides que seria una carta de despedida. Casi un testamento. Porque seria el epitafio de un sentimiento moribundo, el último deseo de un amor desahuciado.

